viernes, 25 de febrero de 2011

Kalean gora, kalean behera zezena (calle arriba, calle abajo el toro)


Hace un par de semanas estuve pasando el día por Pamplona, cuna de los Barricada y del chorizo (pamplonica, claro está), callejeando y conociendo la ciudad un poco, ya que de la visita al planetario con el colegio poco queda en mi memoria. El caso es que una de las cosas que vi fue el recorrido que hacen los toros (y corredores) en los encierros. Esto era algo también desconocido para mí, ya que no lo había visto ni siquiera por la televisión. No por ser antitaurino, sino por ser antimadruguino, que levantarse a esas horas no teniendo que trabajar es un mal vicio. 

Lo que más me impresionó de todo el recorrido fue el punto de inicio, donde los mozos cantan al santo pidiendo su bendición. Y no me extraña que lo hagan, porque para tal afrenta es bien necesaria la ayuda divina para que consigas salir victorioso de la hazaña. ¿Habéis visto que callejuela más estrecha y resbaladiza? Hay que tenerlos muy bien puestos (o ser navarrico simplemente) para atreverse a ese suicidio seguro (y mucho más a esas horas).  Pero no penséis que me refiero a correr delante de esos 6 morlacos sedientos de sangre, ¡¡sino a correr cuesta arriba!! ¿Estamos locos o qué? Por el amor de Dios, si yo no corro ni en llano. Antes me veréis de brocheta en algún toro.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los calcetines buenos van al cielo


Desde que el mundo es mundo y desde que el hombre es hombre son muchos los misterios que han preocupado a la humanidad. Desde Aristóteles hasta Schopenhauer. Algunos han sido resueltos, pero otros tantos muchos siguen quitándonos el sueño. A mí en concreto uno en especial. ¿A dónde van a parar los calcetines desaparecidos?

Desde pequeño he sufrido la desaparición de calcetines. ¿Cuántos pares desparejados habré conocido a lo largo de mi aún corta vida? ¿Cuántos más “coleccionaré”? En un principio, en un hogar donde habitaban 7 personas es normal pensar que, quién sabe, con el barullo que había se pueden perder por algún lado. Si bien es verdad en esa época me preocupaba más ver los dibujos animados y el bocata Nocilla que no encontrar los calcetines. Con el tiempo mis hermanos fueron marchando de casa, quedándonos solo 2. Ahí empecé a sospechar que pudiera ser mi hermano quien hubiese estado años robándome los calcetines para su uso y disfrute personal. O igual solo por joder, que también pudiera ser.

Pero él también se marchó, quedándome solo, y los calcetines seguían desapareciendo. En mi inocente ignorancia empecé a pensar que a mi madre le fallaba un poco el pulso a la hora de tender y que mis calcetines acababan aterrizando en la terraza de la vecina mayor del 1º. Porque no sé si os habréis fijado, pero por decreto ley las vecinas de la terraza de la vecina siempre son señoras mayores.

El caso es que ahora que ya estoy independizado ¡¡me siguen desapareciendo los calcetines!! Descartado el hurto por parte de mis congéneres y descartada la posibilidad de que se me caigan a la terraza del 1º por 2 simples razones: porque no tiendo en ningún patio de vecinos y porque vivo en el 1º (sé que no soy una señora mayor, pero es porque el piso no tiene terraza). Por tanto solo me queda pensar una cosa: los calcetines desaparecen en las lavadoras.

Ésta es la única explicación posible a este misterio, porque que yo recuerde siempre me he puesto y quitado los calcetines por pares (uno cada vez se entiende). Y ni con la mayor de las borracheras creo que se me haya ocurrido quitarme uno antes de entrar en casa y el otro dentro. Da igual. Puedes cerciorarte mil veces de que metes los calcetines a pares en la lavadora, que cada cierto tiempo, como si se tratase de una boa que se come un ratoncillo semanalmente, uno de tus calcetines desaparece. Y lo más jodido de todo es que nunca desaparecen 2 iguales para poder hacerte una nueva pareja con los calcetines huérfanos.

Seguro que ésto os ha pasado a todos. Lo que todavía no sé es que es lo que ocurre con esos calcetines desaparecidos. Tengo varias teorías en marcha. Puede ser que las lavadoras se alimenten de calcetines para funcionar. Puede que realmente la lavadora sea un portal a otra dimensión para calcetines. Puede que esos calcetines al ser devorados por la lavadora vayan al cielo de los calcetines. O puede que sea cierta esa leyenda de que los calcetines desaparecidos se reencarnan en esas llaves que encuentras un día en un cajón y que no tienes ni idea de que es lo que abren.

Sea como fuere, y tras haber perdido calcetines que puestos en línea harían más o menos los kilómetros del Camino de Santiago (el francés por supuesto), creo que nunca estaré en la certeza de si ésto es así o si es que existe un duende cojo y un tanto hijoputa que prefiere robar a comprar.

sábado, 19 de febrero de 2011

Sean bienvenidos.....


Han pasado 17 meses desde la última publicación. Casi me da hasta vergüenza el pensarlo. 17 meses sin escribir (y sin ganas de hacerlo, no mentiré). La dejadez tuvo múltiples causas. Principalmente fue la muerte repentina de fotolog. La gente descubrió tuenti y facebook pensando que sería un cambio de plataforma simplemente. Pero todo se durmió. La falta de tiempo de este último año ha sido también un importante factor en mi abandono.

Pero ahora he vuelto. Distinta plataforma, distinto formato. Con ganas. Con cierta ilusión. Con ganas de escribir y hacer pasar unos minutos entretenidos. Invitar a la risa o a la reflexión. Y aunque trataré de hacerlo de una forma más constante, prometo publicar al menos una vez al mes.

Dicho esto, sean bienvenidos y que lo disfruten. Esta es su casa.