jueves, 31 de marzo de 2011

Mujeres, biceps y viceberzas


Yo es que no puedo. Apenas veo la televisión, pero es que encima hay programas con los que no puedo. Es el caso de “Mujeres, hombres y viceversa”. Me pongo malo. Y no me pongo malo por lo buenas que puedan estar las chicas que van al programa, sino por el programa en sí. Me parece casi vergonzoso.

Gente guapa que va al programa a que le pretendan ordas de más gente guapa. Y ale, ahí se tiran semanas e incluso meses, viviendo del cuento, del morbo, de la polémica. O simplemente del aire, porque ahí no curra ni los protagonistas ni el público, que están los mismos día tras día. Serán cosas de la crisis que la gente tiene más tiempo libre. 

Y todos van ahí con un objetivo: pavonearse, darse a conocer, formar parte del famoseo casposo o con un poco de suerte hasta conseguir ser portada de Interviú o ir de discoteca en discoteca haciendo bolos.

Además, ahí tendría que haber gente normal y corriente, del montón, como somos la mayoría de la gente. Y es que no entiendo que vaya ese tipo de gente a un programa que se supone trata de la búsqueda del amor. No me creo para nada que tengan problemas para poder ligar todo lo que quieren y más cualquier noche de fin de semana. Si parecen todos y todas sacados de un catálogo. Algo muy malo tienen que tener por dentro para necesitar ir a la tele a buscar pareja.
 
En fin, nada podemos hacerle. El pueblo manda. ¡¡Pan y circo!!

martes, 22 de marzo de 2011

A "grandes" males, grandes remedios


Hoy he mirado hacia abajo y he pensado para mis adentros con esa voz que oímos cada uno en nuestra cabeza: ¡Maldita sea! ¿Por qué me merezco yo este castigo? ¿Por qué no puedo tener una más pequeña? Si yo solo pido tenerla normalita, algo estándar. Ahora mis queridos lectores subid un poco vuestras mentes que estoy hablando de mi barriguilla.

El otro día viendo fotos viejas me di cuenta de que no siempre había estado ahí. Hubo una época, si bien es verdad que corta (pero la hubo), en la que no tuve esta feliz curvatura. La verdad es que no sé de dónde ha salido. Sospecho que alguien me la hubiese podido contagiar en la piscina. Quizá fue en el metro un día de apretamiento. Sea como fuere el caso es que está ahí. Y me parece a mí que al contrario de E.T. ha llegado para quedarse.

Ya sé que en principio la mejor manera para echarla de ahí es el deporte, pulirla a base de ejercicio. Pero es que a base de deporte también corremos el riesgo de ser yo el echado de este mundo y que ella me sobreviva. Y es que el gimnasio requiere una pequeña inversión económica y una gran inversión de tiempo.

El caso es que dándole vueltas y vueltas a la cabeza he encontrado la solución perfecta al “problema”. La liposucción. Es cierto que requiere ahorrar unas perrillas para acceder a ella, pero lo que gastas en dinero te lo ahorras en muchiiiiiisimo tiempo y su parejo esfuerzo. Pero aquí es donde llega la segunda parte del plan (y la mejor). Con la grasa extraída de mi cuerpo pienso hacer jabones artesanales y vendérselos a viejas ricachonas a un precio desorbitado. Aunque sea un jabón de mierda ellas lo pagarán porque el alto precio al que saldrá al mercado llamará su atención y su ansia de comprar cosas caras y exclusivas. 

Por lo tanto, el balance final de mi plan es: desaparición rápida y sin esfuerzos de la tripa y sin coste económico e incluso con beneficio. ¿Qué, a qué os apetece subiros al carro?

martes, 15 de marzo de 2011

De la amistad y alrededores


Amistad. A veces tan difícil de delimitar o de definir como el cuando se es novio o no-novio todavía. Amigo, colega,  conocido…. Cada uno le da a estas palabras el peso que cree. Palabras que se mezclan y confunden. Según la RAE, la amistad se define como el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Su segunda acepción es amancebamiento, pero eso es otro tipo de amistad, ya que básicamente se refiere a lo que comúnmente conocemos como follamigos.

Estoy totalmente de acuerdo con la definición cuando dice que la amistad nace y se fortalece con el trato. Pero lo que también debería poner es que se devalúa con el tiempo y el desuso. La amistad debería venir con una fecha de caducidad con obligación de renovación, como el paro en el INEM. Pasado cierto tiempo sin quedar con un amigo este debería pasar automáticamente a la categoría de conocidos, teniendo que volver a ganarse el título con méritos. Y es que amigos míos la amistad hay que cultivarla y cuidarla, si no se llena de malas hierbas y cuesta una barbaridad recuperar lo que había en origen.

Aparte de todo esto, de la amistad de toda la vida, ahora ha surgido un nuevo tipo de amistad solo concebible en el espacio virtual de las redes sociales, donde casi se compite por ver quién tiene más “amigos”. Da igual si es amigo de verdad, un viejo compañero de clase, el panadero, el médico que te operó de fimosis o el amigo de un amigo con el que te tomaste una cerveza una noche que os juntasteis una manada de gente por casualidades de esta retorcida vida, si bien seguramente ayudado por lo pequeño y familiar que es Logroño. El caso es hacer bulto, aparentar. ¡¡Ha nacido el Síndrome de Diogenes amiguil!!

No estaría mal que estas redes tuviesen una forma de catalogar a los contactos para que cada cosa esté en su sitio. O que directamente te puedas sugerir como tal. Estaría bien poder mandar una “solicitud de conocido”. Y ya de paso solicitudes de todo tipo para estar totalmente socialidados y bien catalogados, como “solicitud de hermano”, “solicitud de tío de mi barrio” o “solicitud de coleguilla del instituto”. Y ya para terminar de cuadrarlo ¿por qué no?, “solicitud de archienemigo”, que seguro que todos tenemos ahí a alguien un poco cruzado. Total, lo único que haríamos sería ignorar todas sus novedades, fotos y comentarios como ya hacemos con las de muchos de los que son “amigos”.